Finlandia,
Japón, Estados Unidos, Cuba, Argentina, Alemania, Canada, España son algunos de
los paises que tienen un porcentaje muy elevado en él al hábito de la lectura.
Se podría decir que llegan a más del 90% (y sin ser exagerado) en otras
palabras casi todos leen. Una familia por lo menos que tenga este hábito creo
que ya sería mucha ganancia aquí en México. Según unos datos de la Unesco, México
tiene tan sólo el 2% de la población.
Pareciera que los
insólitos viajes que brindan las letras en los libros no están hechos para
nosotros los mexicanos, y no porque estos textos estén excluidos del país, sino
porque simplemente en México no tenemos el hábito de la lectura, dicen los
expertos. Diversos estudios han tratado de explicar el por qué los mexicanos no
leemos; se menciona que el sistema educativo en el país es obsoleto y que en la
misma escuela no se exige que se lea o no se crea el hábito de la lectura. Otro
motivo sería que la economía de la mayoría de las familias mexicanas no es la
adecuada para invertir en la cultura, cuando lo primordial es alimentarse. Sin
embargo, no se pueden dejar atrás las costumbres familiares, muchos lectores en
el país comparten ese gusto porque desde pequeños sus padres les enseñaron a
volar a través de las letras.
El hábito de la lectura es
primordial para abrir la imaginación de las personas. Si en México tuviéramos
la costumbre de leer, otro gallo nos cantaría!! Estaríamos hablando de otra
nación, se resolverían diversos problemas que siempre nos han perjudicado, como
la mala ortografía y la poca variedad léxica, el sobre uso de palabras
altisonantes por ejemplo, el tan común, SI WEY, NO WEY, NO MANCHES!! y una que
otra mentada de madre. Además, mejoraría nuestra memoria, nuestra imaginación
no tendría límites, seríamos personas más pensantes, más cultas. Pero uno de
los mayores beneficios sería que nos ubicaríamos en otro lugar como nación, ya
que al leer, la gente estaría enterada de lo que realmente hacen nuestros
políticos, de nuestra realidad nacional, mundial, pensaríamos más antes de
decidir cualquier situación.
El no entender lo que se lee es por la falta de análisis, de
concentración y de interés de los lectores. Eso es muy común que suceda
con los alumnos de las primarias y por desgracia el magisterio lo sabe, pero
¿cómo enseñar algo cuando el mismo profesor no sabe cómo hacerlo? Ese es un
problema que nos atañe desde hace mucho tiempo y el gobierno tiene conocimiento
de estos limitantes; sin embargo, parece que le conviene que la gente no
piense, no analice, ya que el tener ciudadanos pensantes representaría mucho
peligro para nuestras autoridades.
Yo no
sé qué piensen ustedes, pero me parece una vergüenza el poco compromiso
generado de nuestra parte, hacia una de las fuentes y puertas más fidedignas
que se tienen hacia el conocimiento, la sensibilización, el aprendizaje y la
diversión que la lectura nos brinda.
Estamos muy preocupados por el México en el que vivimos, pero no hacemos nada para tratar de hacer la parte que nos corresponde para lograr cambiarlo; la lectura nos abre el camino hacia la racionalización, si en México tuviéramos esta actividad arraigada y la cumpliéramos con responsabilidad, les puedo asegurar que las condiciones de nuestro país, no serían las mismas de las que nos quejamos.
Estamos muy preocupados por el México en el que vivimos, pero no hacemos nada para tratar de hacer la parte que nos corresponde para lograr cambiarlo; la lectura nos abre el camino hacia la racionalización, si en México tuviéramos esta actividad arraigada y la cumpliéramos con responsabilidad, les puedo asegurar que las condiciones de nuestro país, no serían las mismas de las que nos quejamos.
Debemos dejar de darle un valor simbólico tan grande a la lectura y lo que “un libro” representa, para darle paso, a la práctica; de nada nos sirve, el reconocer la importancia de un hábito como la lectura, si no nos involucramos con ella directamente para lograr cambiar nuestro presente.
El
camino hacia un país mejor, es tener unos ciudadanos mejores, no podemos exigir
cambios positivos en nuestra sociedad, esperando que se den por arte de magia y
quejándonos todo el tiempo de las malas condiciones en las que nuestro país se
encuentra.
Existe un
proverbio árabe que dice: “Un libro es como un jardín que se lleva en el
bolsillo”. Los libros proporcionan viajes imaginarios e intelectuales, nos trasladan
a otros lugares, nos ponen en contacto con otras mentalidades, nos llevan de la
mano por el mundo y por la historia. Son, por tanto, fuente de experiencia. En
su etimología, experiencia es lo que se ve en un viaje: ¡qué mejor forma de
adquirir experiencias que viajar con la lectura!
La lectura tiene para nuestros hijos las virtudes de
un complejo vitamínico: les prepara para el aprendizaje, les aporta
vocabulario, les provee de experiencia, les proporciona conocimientos, les
previene contra el aburrimiento, les abre horizontes… Tanto si lo somos como si
no, a todos nos gustaría que nuestros hijos fueran grandes lectores, que
ocuparan parte de su ocio metidos en un buen libro, que tuvieran la lectura
como una amiga inseparable.
Pero la realidad es bien distinta, para muchos niños
leer es un “rollo”, un “aburrimiento”, una “obligación”, que quita tiempo para
jugar, para ver su programa favorito, estar con los amigos o hacer deporte.
Quizá lo que tenemos que hacer es empezar por convencerles de que no es así, de
que la lectura es el juego más divertido, el programa más ameno, el amigo más
fiel y el deporte que más en forma nos pone.
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