lunes, 11 de junio de 2012

A DARLE A LA LECTURA!!


Finlandia, Japón, Estados Unidos, Cuba, Argentina, Alemania, Canada, España son algunos de los paises que tienen un porcentaje muy elevado en él al hábito de la lectura. Se podría decir que llegan a más del 90% (y sin ser exagerado) en otras palabras casi todos leen. Una familia por lo menos que tenga este hábito creo que ya sería mucha ganancia aquí en México. Según unos datos de la Unesco, México tiene tan sólo el 2% de la población.
Pareciera que los insólitos viajes que brindan las letras en los libros no están hechos para nosotros los mexicanos, y no porque estos textos estén excluidos del país, sino porque simplemente en México no tenemos el hábito de la lectura, dicen los expertos. Diversos estudios han tratado de explicar el por qué los mexicanos no leemos; se menciona que el sistema educativo en el país es obsoleto y que en la misma escuela no se exige que se lea o no se crea el hábito de la lectura. Otro motivo sería que la economía de la mayoría de las familias mexicanas no es la adecuada para invertir en la cultura, cuando lo primordial es alimentarse. Sin embargo, no se pueden dejar atrás las costumbres familiares, muchos lectores en el país comparten ese gusto porque desde pequeños sus padres les enseñaron a volar a través de las letras.
El hábito de la lectura es primordial para abrir la imaginación de las personas. Si en México tuviéramos la costumbre de leer, otro gallo nos cantaría!! Estaríamos hablando de otra nación, se resolverían diversos problemas que siempre nos han perjudicado, como la mala ortografía y la poca variedad léxica, el sobre uso de palabras altisonantes por ejemplo, el tan común, SI WEY, NO WEY, NO MANCHES!! y una que otra mentada de madre. Además, mejoraría nuestra memoria, nuestra imaginación no tendría límites, seríamos personas más pensantes, más cultas. Pero uno de los mayores beneficios sería que nos ubicaríamos en otro lugar como nación, ya que al leer, la gente estaría enterada de lo que realmente hacen nuestros políticos, de nuestra realidad nacional, mundial, pensaríamos más antes de decidir cualquier situación.
El no entender lo que se lee es por la falta de análisis, de concentración y de interés de los lectores. Eso es muy común  que suceda con los alumnos de las primarias y por desgracia el magisterio lo sabe, pero ¿cómo enseñar algo cuando el mismo profesor no sabe cómo hacerlo? Ese es un problema que nos atañe desde hace mucho tiempo y el gobierno tiene conocimiento de estos limitantes; sin embargo, parece que le conviene que la gente no piense, no analice, ya que el tener ciudadanos pensantes representaría mucho peligro para nuestras autoridades.
Yo no sé qué piensen ustedes, pero me parece una vergüenza el poco compromiso generado de nuestra parte, hacia una de las fuentes y puertas más fidedignas que se tienen hacia el conocimiento, la sensibilización, el aprendizaje y la diversión que la lectura nos brinda.
Estamos muy preocupados por el México en el que vivimos, pero no hacemos nada para tratar de hacer la parte que nos corresponde para lograr cambiarlo; la lectura nos abre el camino hacia la racionalización, si en México tuviéramos esta actividad arraigada y la cumpliéramos con responsabilidad, les puedo asegurar que las condiciones de nuestro país, no serían las mismas de las que nos quejamos.

Debemos dejar de darle un valor simbólico tan grande a la lectura y lo que “un libro” representa, para darle paso, a la práctica; de nada nos sirve, el reconocer la importancia de un hábito como la lectura, si no nos involucramos con ella directamente para lograr cambiar nuestro presente.
El camino hacia un país mejor, es tener unos ciudadanos mejores, no podemos exigir cambios positivos en nuestra sociedad, esperando que se den por arte de magia y quejándonos todo el tiempo de las malas condiciones en las que nuestro país se encuentra.
Existe un proverbio árabe que dice: “Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”. Los libros proporcionan viajes imaginarios e intelectuales, nos trasladan a otros lugares, nos ponen en contacto con otras mentalidades, nos llevan de la mano por el mundo y por la historia. Son, por tanto, fuente de experiencia. En su etimología, experiencia es lo que se ve en un viaje: ¡qué mejor forma de adquirir experiencias que viajar con la lectura!
La lectura tiene para nuestros hijos las virtudes de un complejo vitamínico: les prepara para el aprendizaje, les aporta vocabulario, les provee de experiencia, les proporciona conocimientos, les previene contra el aburrimiento, les abre horizontes… Tanto si lo somos como si no, a todos nos gustaría que nuestros hijos fueran grandes lectores, que ocuparan parte de su ocio metidos en un buen libro, que tuvieran la lectura como una amiga inseparable.
Pero la realidad es bien distinta, para muchos niños leer es un “rollo”, un “aburrimiento”, una “obligación”, que quita tiempo para jugar, para ver su programa favorito, estar con los amigos o hacer deporte. Quizá lo que tenemos que hacer es empezar por convencerles de que no es así, de que la lectura es el juego más divertido, el programa más ameno, el amigo más fiel y el deporte que más en forma nos pone.

No hay comentarios:

Publicar un comentario